Vaciado de calabazas para Halloween

Así pasamos la tarde de ayer, vaciando calabazas para la fiesta que hoy tendremos entre los vecinos. Los niños bajan por todos los pisos, disfrazados con sus pintas más tenebrosas, pidiendo caramelos. Pero lo primero es vaciar las calabazas durante la víspera. ¿Alguna vez lo habéis hecho? Es uno de esos planes que se organizan para los niños y que acaban «disfrutando» los padres. Claro, diles a ellos que dejen de jugar cuando están todos juntos, y que quiten todos esos pelos asquerosos a las calabazas utilizando una cuchara. Pues como que no. Ni caso. Así que como siempre nos toca a los papis hacer todo lo que sea necesario para que la fiesta hoy sea perfecta. En nuestro caso, cuando los niños han terminado de recorrer todos los pisos, nos reunimos en la casa social y organizamos una gran merienda. Ellos se ponen morados de chuches, a ver quién es el valiente que lo impide, y nosotros comemos alguna tortilla, salchichas, galletas y patatas fritas. Pero lo bueno es empezar la víspera con el taller de vaciado de calabazas. Un rotulador, un cutter o una navaja, una cuchara, bolsas de basura y una hermosa calabaza redonda y naranja. Eso es todo lo que se necesita. Se recorta primero la cabeza alrededor del rabo y por ahí se van vaciando las pipas y la carne. Después se dibujan ojos, boca, nariz y lo que cada uno quiera, y se recortan con el cutter. Una velita por dentro y… voilá! Una buena forma de anticipar la fiesta. ¿No os parece?

¿Celebramos Halloween?

Se acerca el día de la fiesta de la discordia. Están los que la rechazan, porque la consideran comercial e importada, y los que la han integrado en su calendario, sobre todo porque es divertida. En mi opinión, Halloween es una fiesta que merece mucho respeto, aunque si queremos podemos llamarla de otra forma. Las fiestas del final de octubre sí son una tradición en nuestro entorno. De hecho, es, junto con Nochevieja, la fiesta que más países compartimos en el mundo. ¿Y por qué? Halloween (vocablo derivado de «All Hallows Eve») se refiere a la víspera del día en que los pueblos rememoran a todos aquellos que han fallecido a lo largo del año. Existe toda una leyenda sobre esta fiesta de origen celta, que no me voy a parar a explicar porque para eso está Wikipedia, pero lo que sí diré es que se celebra en estas fechas porque coincide con la llegada de las estaciones frías. Así, muchas culturas han celebrado fiestas tradicionalmente en las que se despiden de todo lo acontecido durante el año y celebran la llegada de las noches largas y los días fríos. Al acabar octubre llegan tres días de celebración: la noche de Halloween (31 de octubre), el día de Todos los Santos (1 de noviembre) y el Día de los Difuntos (2 de noviembre). En estas fiestas se mezclan tradiciones paganas y religiosas, aunque las últimas rechazan las primeras, por considerarlas irreverentes, blasfemas e incluso diabólicas. Sin embargo, la propia celebración religiosa mama de las fiestas seglares de pueblos antiguos, en los que después se extendió la fe católica. En España, existen tradiciones muy arraigadas en muchos pueblos en los que se celebran fiestas cargadas de simbolismos y en los que las calabazas, las castañas, la luz y el fuego son protagonistas, desde hace siglos, mucho antes de que Estados Unidos trajera sus películas de Halloween. Personalmente, me gusta la idea de celebrar la llegada de las estaciones frías con estas fiestas en las que aprovechamos para reunirnos con amigos y/o familiares, bien sea en rollo festivo o bien sea con una visita a los cementerios. Me gusta ver a mis hijas jugando a las brujas, perdiéndoles el miedo por una noche. Me gusta reunirme con mis vecinos, después de haber perdido la frecuencia de las tardes de piscina. Y después de la fiesta, me gusta aprovechar el día libre para pasear por los maravillosos bosques del otoño, unos de los paisajes más hermosos del año. Así que… ¿celebraréis Halloween?